Cómo pueden afrontar la situación las familias y los niños después de un choque grave

Cómo pueden apoyarse mutuamente los miembros de la familia, incluidos los niños

Un choque puede poner un hogar de cabeza de la noche a la mañana. Una persona puede necesitar cuidados. Otra puede encargarse de las llamadas, del cuidado de los niños y de los traslados. Un niño puede parecer tranquilo al principio y más tarde temerle a cada viaje en auto. Un terapeuta familiar no esperaría que todos reaccionaran de la misma manera. Lo importante es comunicarse con claridad, proteger las decisiones de cada persona y asegurarse de que todos tengan apoyo. [1, 2, 3]

Dé actualizaciones breves y honestas

Informe a los miembros de la familia lo que se sabe ahora, lo que aún no está claro y lo que sigue. Para los adultos, una actualización podría sonar así: ‘El médico me autorizó a descansar en casa. Tengo una cita el martes. Hasta entonces necesito ayuda para recoger a los niños de la escuela.’ No prometa una fecha de recuperación que no puede saber. Pregunte antes de compartir detalles médicos o fotos del choque con alguien fuera del hogar. [1]

Los niños necesitan datos adecuados para su edad. Por ejemplo: ‘Los autos chocaron. Los médicos nos revisaron. Ya estamos en casa. Los adultos se están encargando del auto.’ [2, 3]

Responda exactamente la pregunta que hace su hijo. Un niño pequeño puede preguntar lo mismo una y otra vez, porque escuchar la respuesta repetida le ayuda a entender. Puede decirle que los adultos están trabajando para que todos estén seguros. No le prometa que un accidente nunca podrá volver a ocurrir. [2, 3]

Los niños muestran el estrés a su manera

Un niño puede volverse más apegado, irritable o callado. Puede asustarse en el auto o tener dificultades a la hora de dormir. Los niños más pequeños pueden representar un choque con sus juguetes. Los mayores pueden preguntar quién tuvo la culpa o si podría ocurrir otro choque. Estas reacciones pueden aparecer más adelante. [2, 3]

Que un niño no hable del choque no prueba que esté bien. Al mismo tiempo, no le haga contar la historia a cada adulto. [2, 3]

Dé a los niños oportunidades para hablar, dibujar o jugar, sin presionarlos para que den detalles. En la medida en que la salud lo permita, retome las rutinas habituales de comidas, escuela y hora de dormir. Informe a los maestros o al personal de cuidado infantil sobre los cambios que podrían afectar el día del niño. Si el niño resultó herido, trabaje con el pediatra para que la atención física y la emocional estén conectadas. [2, 3]

Reparta las tareas y pida ayuda concreta

Es posible que la persona lesionada necesite traslados, descanso o ayuda para bañarse. Quien brinda los cuidados puede necesitar un descanso. Anote las tareas que deben hacerse en los próximos dos días, con una persona y una hora para cada una. Pida a sus amistades una cosa concreta. Puede ser una comida, recoger una receta en la farmacia, llevar a un niño a la escuela o una hora de cuidado infantil. Quienes ayudan son más útiles cuando saben exactamente cuál es su tarea y pueden completarla. [1]

Deje que la persona lesionada mantenga el control en lo que pueda. Podría preguntarle: ‘¿Quieres que yo haga la llamada, o prefieres que me siente contigo mientras la haces?’ Si necesita ayuda para mantenerse a salvo, dígalo con claridad. Si hay una decisión que tomar, déjela en sus manos. [1]

Calme los ánimos antes de que las discusiones tomen el control

La falta de sueño, el dolor, el miedo y las montañas de papeleo pueden hacer que las personas reaccionen con brusquedad. Elija con su familia una palabra de pausa que todos puedan usar cuando una conversación empiece a acalorarse. Cuando alguien la diga, deténganse, tomen un breve descanso por separado y acuerden cuándo retomarla. Luego atiendan un problema a la vez. ‘Necesito ayuda para recoger a los niños mañana’ es más fácil de responder que ‘Nunca me ayudas’. [1]

Un terapeuta familiar puede ayudar cuando las peleas repetidas o el distanciamiento entre ustedes dificultan la recuperación. [1]

Apoyar a alguien nunca significa tolerar amenazas o violencia. Si alguien se siente en peligro, vaya a un lugar seguro y busque ayuda de inmediato. Asegúrese también de que los niños estén a salvo. [1]

Cuando un niño o un adulto necesita apoyo adicional

¿El miedo, el sueño, el comportamiento o la vida escolar de un niño están empeorando o siguen sin volver a la normalidad? Comuníquese con un pediatra, un consejero escolar o un psicólogo infantil. Llame antes si el niño no puede realizar sus actividades básicas o si le preocupa su seguridad. Los adultos deben buscar ayuda cuando la angustia interfiere con el cuidado, el trabajo, las relaciones o el sueño. [2, 3, 4]

Es posible que un familiar esté de duelo por una muerte o una lesión grave. No lo apresure a ver el lado positivo. Permanezca cerca y pregúntele qué necesita esta semana. Cada persona puede necesitar distintos tipos de apoyo en distintos momentos. [1, 4]

Pruebe una reunión familiar de diez minutos

Lista de preguntas de Safety Behind the Wheel Foundation

  1. ¿Qué necesitan saber todos sobre mañana?
  2. ¿Qué tarea es demasiado grande para una sola persona? ¿Quién puede encargarse?
  3. ¿Alguien necesita una conversación privada, un rato de tranquilidad o atención médica?

Que sea breve. El objetivo es que mañana sea más fácil de manejar. No necesitan resolver en una sola reunión todos los sentimientos sobre el choque.

Fuentes y lecturas adicionales

  1. 1VA: Helping a family member
  2. 2CDC: Helping children cope
  3. 3CDC: PTSD in children
  4. 4NIMH: cómo afrontar eventos traumáticos
  5. 5NCTSN: Pediatric medical traumatic stress toolkit

Este contenido es educación general para familias en los EE. UU., basada en la terapia familiar y la psicología pediátrica. Si las preocupaciones persisten o empeoran, pida a un profesional pediátrico o de salud mental que evalúe la situación. Cada persona lesionada debe seguir sus propias indicaciones médicas.

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